22. GLOBAL BRAIN

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Esa mañana Juanito había decidido salir a dar un paseo tranquilo, cansado como estaba de una semana dura en la que en más de una ocasión había tenido la impresión de que no era capaz de cubrir todas las expectativas de su entorno… Le apetecía relajarse y dedicarse simplemente a contemplar lo que le rodeaba, a ser espectador de la maravillosa película de acontecimientos y pequeños detalles que se suceden con sutileza a nuestro alrededor de manera cotidiana sin que prestemos atención…

Su paseo le llevó a un parque cercano. El sol en su cara, un tibio viento, un ligero perfume a flores… sin saber porqué decidió tumbarse en la hierba. Una vez allí decidió concentrarse y hacerse muy consciente de los sonidos, los movimientos, la vida que existe en el gran universo que se mueve a ras de suelo… Fue así como descubrió un hormiguero de actividad frenética que, por un momento, le recordó su día a día. Cientos… no, miles de minúsculos individuos se afanaban con diligencia y resolución para llevar a cabo sus diferentes tareas muy especializadas, miles de seres con un minicerebro de 250.000 células (el cerebro humano está compuesto por más de 10.000 millones…) que son capaces de realizar verdaderas obras de ingeniería a escala y de gestionar una logística de gran complejidad… y, lo que es más curioso, sin necesidad de que exista un líder que asigne, supervise o controle el trabajo que realiza cada una de ellas…

Más tarde, ya en casa, buscó información al respecto. Efectivamente, él no había descubierto la rueda. Cientos de investigadores habían ya reparado en esos “supeorganismos” animales que son mucho más que la suma de los individuos por los que están formados y que generan una “mente colectiva” que les permite organizarse y tomar decisiones. Los individuos se rigen por reglas simples, pero el comportamiento resultante del grupo puede ser sumamente complejo y efectivo.  Las bandadas de pájaros, los enjambres de abejas, los bancos de peces son sólo algunos ejemplos. ¿Cómo se crea un sistema que se controla a sí mismo y toma decisiones colectivas?  La búsqueda de una respuesta para esta pregunta ha conformado lo que se llama la “biología del comportamiento”,  que es una rama de la biología que se aleja en buena medida de los patrones clásicos de esta ciencia para utilizar en mayor grado la matemática y la tecnología (geolocalización, dispositivos de tracking, etc.) para estudiar el comportamiento de sistemas descentralizados y auto-organizados.

 
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Estas investigaciones, según supo Juanito en sus averiguaciones,  habían sido el germen para iniciar trabajos sobre la manera en la que podría funcionar este sistema en pingüinos. Por ejemplo, Williams, Malone y Chabris realizaron diversos estudios en los que se demostró que existe una inteligencia general de los equipos que no se encuentra predeterminada por la inteligencia individual de sus integrantes.

Juanito es un ser muuuy curioso,  por lo que continuó buscando ávidamente información en la red. La inteligencia colectiva surge de la colaboración y concurso de muchos individuos; de lo que se llama“agregación”. Así, suele definirse como la capacidad de agregar las acciones y opiniones individuales de un grupo en una decisión o comportamiento colectivo.  Sin agregación no hay inteligencia colectiva.

Ya trasladado a los pingüinos, esta afirmación sugiere que, teniendo mejores herramientas para colaborar y compartir el conocimiento, esa inteligencia colectiva puede evolucionar de manera más rápida y efectiva. En efecto, el desarrollo de la inteligencia colectiva implica:

  • Incremento en la rapidez de acceso a la información.
  • Descentralización del conocimiento. Los consumidores pasan a ser creadores, correctores, modificadores y productores de conocimiento. “Todos sabemos de algo”. Este concepto implica también el riesgo de “imprecisiones” en los contenidos; riesgo que debería ser corregido de manera natural entre los usuarios del sistema.
  • El desarrollo de nuevas herramientas para construir el “espacio colectivo”, asociadas a una nueva forma de relacionarse y de colaborar.

De repente Juanito levantó la mirada de la pantalla. Miró fijamente la pared de enfrente, sus ojos se hicieron más y más grandes…y más todavía… y entonces entendió. ¡Claro! Varios ejemplos de conocimiento colectivo vinieron a su cabeza: los sitios wikis (por ejemplo, la wikipedia), las comunidades de software libre (por ejemplo, Linux), incluso las comunidades hacker que tantos quebraderos de cabeza han proporcionado a los servicios de seguridad de muchos gobiernos, empresas, etc.

De nuevo la naturaleza nos sirve de inspiración. La perfección milimétrica del funcionamiento de la naturaleza vuelve a darnos lecciones. Sólo hay que estar atento.

 

LAURA SIMÓN

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